Cómo hacer amigos y los beneficios de tenerlos en el lugar de trabajo LongNgoHong

Cómo hacer amigos y los beneficios de tenerlos en el lugar de trabajo

Según Gallup tener un buen amigo en el trabajo nos hace ser siete veces más productivos.

¿Tienes un mejor amigo en el trabajo? Es muy habitual marcar una línea divisoria entre el trabajo y la vida personal. Muchos de nosotros podemos tener una relación cordial, incluso amistosa con los compañeros del trabajo, pero no los consideramos amigos y, mucho menos mejores amigos. 

Entonces, ¿por qué Gallup hace la pregunta del mejor amigo? La respuesta es sencilla, por nuestro rendimiento. Cuando más felices estamos en el trabajo, rendimos más y gran parte de eso se puede atribuir a las interacciones sociales que tenemos en el día a día. Si bien las compañías enfocan muchos de sus esfuerzos en contratar y retener talento, a menudo no consideran un incentivo muy poderoso, y que no requiere ningún coste, la amistad. Nos implicamos más en nuestro trabajo cuando nos rodeamos de personas con las que nos sentimos identificadas a nivel humano y profesional. Ahí están cuando necesitamos una dosis de confianza en momentos de incertidumbre, una segunda opinión o alguien con el que poder hablar abiertamente sobre cualquier cosa. Las personas que tienen buenos amigos en el trabajo no sólo se ajustan a cumplir sus funciones, se interesan por la empresa y lo que ocurre en otros departamentos, buscan soluciones creativas, pasan más horas y son más proclives a ayudar a otros compañeros fomentando un ambiente de colaboración. Y esto es posible en empresas con culturas excepcionales que se caracterizan por generar sentimientos de confianza, pertenencia e inclusión entre todos los colaboradores.

"Los buenos amigos nos hacen mejores personas. Nos animan cuando tocamos fondo y nos mantienen humildes cuando llegamos a la cima" - Simon Sinek

Cómo hacer amigos

Los principios que vamos a exponer a continuación te ayudarán, tanto en el ámbito personal como en el profesional, a construir amistades sólidas, fortalecer tu red de contactos y hacer que las personas quieran ayudarte a tener éxito; y se pueden encontrar en un libro llamado "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas". Este clásico sobre el desarrollo personal fue escrito por Dale Carnegie en el año 1936. Y estos mismos principios siguen siendo aplicables a día de hoy:

Interésate por las demás personas 

"Puedes hacer más amigos en dos meses interesándote por otras personas que en dos años si intentas que otras personas se interesen por ti.” - Dale Carnegie

¿Te gustan las fresas? Es muy posible.

Pero si fueras a pescar, ¿utilizarías las fresas para pescar? Por supuesto que no, porque en la pesca no importa lo que quieras. Lo que importa es lo que quieren los peces.

La idea aquí es no caer en el error de sólo hablar sobre lo tuyo y dar muy poco espacio a las ideas e intereses de los demás. Cuando te encuentras con alguien, tu misión es descubrir qué tema le gusta y luego encontrar una manera de estar igualmente fascinado. Si quieres tener una conexión más cercana con la otra persona debes tener tratar temas y aficiones que sean de su interés, asociarán estar pasando un rato agradable con tu presencia. Theodore Roosevelt solía quedarse hasta muy tarde la noche anterior estudiando los temas que le interesaban a la persona con la que iba a reunirse al día siguiente. ¿Por qué hacía esto? Roosevelt entendió que el camino más corto hacia el corazón de las personas consiste en hablarles de las cosas que más valoran.

Y si no tienes la información por adelantado como solía tener Roosevelt, conviértete en buen oyente, animando a los demás a hablar de sí mismos, de esta manera te estarán dando información de lo que más les interesa y les estarás prestando atención exclusiva. No hay nada más halagador que eso.                                                   

El autor cuenta en su libro la historia de un hombre llamado Edward L. Chalif, quien quería enviar a uno de sus boyscouts a una gran convención que tenía lugar en Europa y quería pedirle al presidente de una de las empresas más grandes de Estados Unidos que pagara los gastos de uno de sus niños.

Antes de la reunión, Chalif había escuchado que el presidente de la compañía tenía un cheque enmarcado por un millón de dólares y estaba muy orgulloso de él. Sabiendo este dato, al conocer al hombre, en lugar de comenzar inmediatamente con la reunión, Chalif preguntó por el cheque: ¿Es posible verlo? ¿Existe de verdad? ¡Me encantaría poder decirles a mis niños que he visto un cheque real de un millón de dólares!

El presidente de la compañía se lo enseñó con mucho orgullo y le contó toda la historia de aquel cheque.

Cuando Chalif empezó a explicarle el motivo de su reunión, el hombre aceptó de inmediato pagar los gastos no sólo de uno, sino de cinco boyscouts.

Y si no estás seguro acerca de los intereses de la otra persona, recuerda que hay un tema en el que todos están interesados: ellos mismos. Como dijo Benjamin Disraeli, "Habla con la gente sobre sí mismos y ellos escucharán durante horas".

No critiques a los demás

Acostúmbrate a no realizar críticas destructivas sobre las demás personas, esto sólo puede perjudicar tus relaciones, si vas a hacer una observación sobre alguien procura hacerla de la manera más amigable posible.

En el libro, Carnegie nos cuenta la anécdota del piloto de aviones Bob Hoover. Durante una de sus exibiciones aéreas en San Diego, de repente ambos motores se apagaron. Tras un aterrizaje de emergencia pudo salvar su vida y la de los que le acompañaban a bordo.

El motivo del fallo del motor fue que el avión de hélice de la Segunda Guerra Mundial se había llenado accidentalmente con combustible para aviones. De vuelta, Hoover vio al mecánico que había cometido el error. Estaba llorando y era consciente de la catástrofe en la que podía haber terminado ese vuelo.

¿Entonces Hoover le gritó? ¿Le criticó?

Nada de eso. Hoover sabía que el mecánico había aprendido la lección y, para demostrar su confianza en él, dijo que seguiría trabajando con el mismo mecánico.

“La crítica es inútil porque pone a la otra persona en la defensiva, y por lo común hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento” - Dale Carnegie

El psicólogo B.F. Skinner comprobó que los animales recompensados ​​por un buen comportamiento aprenden más rápido y retienen con más eficacia que castigando su mala conducta. Estudios posteriores probaron lo mismo aplicado a los seres humanos. Por medio de la crítica nunca provocamos cambios duraderos, y con frecuencia creamos resentimiento. Por lo tanto, la persona que criticas no escuchará realmente lo que estás diciendo. Simplemente sentirá que está siendo atacada, y su reacción natural será defenderse y luchar.

Entonces, aunque expresar críticas puede ayudar a uno a desahogarse, en el largo plazo puedes crear resentimiento en otras personas y asentar un mal hábito que te definirá cómo eres con los demás. Benjamin Franklin, por ejemplo, afirmó que el secreto de su éxito era "hablar mal de nadie".

Criticar a alguien es fácil, pero hace falta carácter para ser comprensivo y perdonar a los demás por sus errores y defectos.

Recuerda el nombre de la otra persona.

El nombre de una persona es el sonido más dulce que conoce. Esto lo saben bien empresas como Coca Cola o Starbucks.

En el libro nos encontramos con la historia de Jim Farley, quien perdió a su padre a los diez años y, siendo el hijo mayor de su familia, se fue a trabajar a unas tierras para ayudar a pagar las facturas de su casa. A pesar de que nunca recibió mucha educación, a los 46 años, Jim se convirtió en Director General de Correos de EEUU y Presidente del Comité Nacional Demócrata.

¿Cuál fue el secreto de su éxito?

Farley se dio cuenta desde el principio que las personas se preocupaban más por su propio nombre que todos los demás nombres del mundo juntos. Recordar y usar el nombre de una persona era una forma sutil y poderosa de conquistarla, y esto era algo a lo que Farley era un adepto extraordinario. Cuando el autor del libro le preguntó si era verdad que podía recordar los primeros nombres de 10,000 personas, Farley lo corrigió diciendo que podía llamar a 50,000 personas por su primer nombre.

Del mismo modo, Theodore Roosevelt era querido entre todo su personal porque convirtió en hábito saludar por su nombre a todos y cada uno de ellos. Dedicaba tiempo y atención para escuchar y memorizar cada nombre. Al hacer esto, mostraba su aprecio a los demás y con el tiempo recibió mucho más a cambio.

¿Cómo acordarse de todos los nombres?

Bueno, Napoleón III, emperador de Francia, estaba orgulloso de que la siguiente técnica que le permitiría recordar el nombre de todos aquellos que conoció.

Presta atención cuando el nombre aparezca por primera vez en la conversación, y pide que se repita si es necesario. Luego dirígite a la persona por su nombre varias veces para asociarlo con la persona con la que estás hablando. Finalmente, cuando estés solo, escríbelo para que se quede bien fijado en tu memoria.

Acostúmbrate a llamar a las personas por su nombre, cuando conozcas a alguien por primera vez esfuérzate por no olvidarte de su nombre.

Nunca le digas a los demás que están equivocados

Todos tendemos a pensar que casi siempre tenemos la razón, por lo menos la mayoría de las veces. Pero resulta que si la tuviéramos en el 55 por ciento de las veces, entonces ya deberíamos haber ido a Wall Street y habernos hecho millonarios. Y si no podemos estar seguros de estar en lo cierto ni en el 55 por ciento de las veces, entonces ¿por qué decir a los demás que están equivocados? Decirlo puede significar un golpe directo a la inteligencia y orgullo de la otra persona. Esto hará que quiera devolverte el golpe.

El autor nos cuenta en el libro que Benjamín Franklin, siendo aún joven, era famoso por su opinión y propenso a atacar a quienes no estaban de acuerdo con él. Un día, un viejo amigo lo llevó aparte para decirle que sus amigos lo estaban abandonando debido a esto.

Franklin tuvo la suficiente cordura para escuchar las palabras de su amigo y comenzó inmediatamente a modificar su actitud insolente y llena de prejuicios. No volvió a contradecir abiertamente a los demás, decidió eliminar por completo algunas palabras de su vocabulario que validaban una opinión fija, como "indudablemente", porque sentía que eran demasiado rígidas y reflejaban una mentalidad inflexible. En su lugar, usó frases como  “creo”, “entiendo”, o “imagino”.

Cuando le dices a alguien que está equivocados, básicamente le estás diciendo: "Soy más inteligente que tú". Esto es un ataque directo a su autoestima, y ​​estará resentido porque su opinión no está siendo respetada.

Evita utilizar términos absolutos y, si crees que eres más inteligente, nunca debes mostrar abiertamente este pensamiento. Si quieres que la otra persona considere tu punto de vista, es mucho más efectivo ser humilde y de mente abierta.

Siempre que te equivoques, admítelo de inmediato, aunque le duela a tu orgullo

Una vez, Dale Carnegie estaba paseando a su perro Rex, un pequeño bullterrier, en un bosque cerca de su casa. A Rex le gustaba corretear libremente y, como raramente se encontraban a alguien, no llevaba bozal ni correa. Desafortunadamente, se les cruzó en el camino un oficial de policía con ganas de demostrar su autoridad y le dijo con severidad que eso era ilegal.

Al tiempo volvió a soltar Rex por el bosque, pero con la mala suerte que ese mismo oficial vió la escena. Al acercarse lo primero que hizo el autor fue adimitir de inmediato el error. En lugar de tratar de defenderse, admitió desde el principio que la razón estaba de parte del policía. de esta manera el oficial se sintió respetado y se puso en el lugar del escritor. Todo terminó de manera agradable. El autor dice “Si sabemos que de todas maneras se va a demostrar nuestro error, ¿no es mucho mejor ganar la delantera y reconocerlo por nuestra cuenta? ¿No es mucho más fácil escuchar la crítica de nuestros labios que la censura de labios ajenos?”

Si lo dices tú antes, le quitarás la razón de hablar a la otra persona. Cuanto te equivocas, los demás pretenden reforzar su propia autoestima criticándote por tu error, pero en el momento en que admites tu culpa, la situación cambia por completo. Ahora, para sentirse importantes, ya no pueden atacarte, sino que tienen que mostrar generosidad perdonándote. Esto es exactamente lo que hizo al oficial de policía tan indulgente en el ejemplo de Rex en el bosque.

Entonces, la próxima vez que te des cuenta de tu equivocación, admítelo con entusiasmo. Producirá mejores resultados y encontrarás que en realidad es mucho más placentero que tener que defenderte cuando la otra persona señala tu error.

Sonríe

Érase una vez, un corredor de bolsa de Nueva York, llamado William B. Steinhardt, que decidió probar algo nuevo siguiendo los consejos del autor. Anteriormente, era un gruñón que rara vez sonreía en su vida personal o profesional, una mañana frente al espejo Steinhardt se comprometió a cambiar de actitud.

Comenzó el día saludando a su esposa con una sonrisa, luego saludó al ascensorista, luego al portero de su edificio, luego al cajero del metro, luego a sus compañero de trabajo.

¿El resultado?

La gente comenzó a sonreír. En casa, Steinhardt dijo que había habido más felicidad en los primeros dos meses del experimento que en todo el año anterior. Además, descubrió que en el trabajo, quienes iban a él con quejas o protestas los atendía de manera amable, y comprobó que era mucho más fácil arreglar las cosas.

Como muestra la historia, una sonrisa puede recorrer un largo camino.

Si alguien que acabamos de conocer nos sonríe, tendemos a que nos guste automáticamente. Y la sonrisa de un bebé nos cautiva. Si quieres ser simpático con alguien, muéstrale que estás feliz de verle sonriendo.

Además los psicólogos también han descubierto un efecto secundario positivo de la sonrisa: parece que la conexión entre las emociones positivas y la sonrisa no es una calle de sentido único; la sonrisa consciente puede llevar a emociones positivas, al igual que las emociones positivas pueden llevar a la sonrisa. En un momento en el que estés de bajón, acuérdate de sonreír. Este sencillo gesto comenzará a activar emociones positivas en tu cerebro.

Una sonrisa no cuesta nada y puedes usarla para levantar tu ánimo y el de los demás.

Muestra tu aprecio con frecuencia

Uno de los impulsores más fuertes del comportamiento humano es el deseo de ser apreciado por otros; a todos nos gusta una palmadita en la espalda y escuchar que estamos haciendo un buen trabajo.

“En nuestras relaciones interpersonales nunca deberíamos olvidar que todos nuestros interlocutores son seres humanos, y como tales hambrientos de apreciación. Es la ternura legal que disfrutan todas las almas” - Dale Carnegie

Nuestro ansia de aprobación y reconocimieto nos hace escalar las montañas más altas, escribir novelas y fundar “unicornios”. Nadie es inmune a este anhelo de importancia y aprecio.

“La diferencia entre la apreciación y la adulación es muy sencilla. Una es sincera y la otra no. Una procede del corazón; la otra sale de la boca. Una es altruista; la otra egoísta.” - Dale Carnegie                                                 

Pero no bañes a la gente con adulación falsa, se darán cuenta. Se trata de reconocer las fortalezas del otro y apreciarlas de forma sincera. Deja de pensar en ti mismo por un momento y concéntrate en los puntos positivos de la persona que tienes delante.

Intenta pensar como Ralph Waldo Emerson, quien dijo que cada persona que conocía era superior a él de cierta manera, por lo que siempre había algo de lo que aprender y apreciar en otras personas.

O piensa en la Regla de Oro: trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.

Cuando notes que un compañero de trabajo está haciendo un esfuerzo extra en una tarea o proyecto, acércate y reconoce su labor.

Para desarrollar tu músculo en el elogio y la apreciación, conviértelo en un hábito diario. Tómate dos minutos todas las mañanas para escribir un correo electrónico a un amigo o compañero de trabajo y en él le felicitas por algún progreso que haya logrado recientemente en una meta personal o proyecto profesional. Hazlo personal, específico, y diles lo que más te impresiona.

Gana las discusiones evitándolas

“Si discutes, y peleas y contradices, puedes lograr a veces un triunfo; pero será un triunfo vacío, porque jamás obtendrás la buena voluntad del contrincante” -  Benjamin Franklin

Sólo hay una forma de ganar una discusión y esa forma es evitarla.

Discutir con otra persona realmente no tiene mucho sentido. Si pierdes, pierdes la discusión. Si ganas, la otra persona se quedará con el orgullo herido. Y muy pocas veces las personas cambian de opinión después de una discusión.

Lo ideal es, cuando te encuentres en un desencuentro de opiniones, que no te agarres a tu punto de vista y aceptes el desacuerdo como algo positivo y una oportunidad para tener una nueva perspectiva sobre el mismo asunto. Después de todo, si dos personas siempre estuvieran de acuerdo en todo, todo sería muy aburrido, predecible y no habría margen al crecimiento por parte de cada interlocutor.

Habla de tus propios errores primero y llama indirectamente la atención sobre los errores de los demás

Es mucho más fácil escuchar que la persona que te va a llamar la atención por tus errores admite antes con humildad que él también los ha cometido.

En este caso el autor nos cuenta en su libro la anécdota de Charles Schwab. Una mañana caminaba por una de sus fábricas de acero cuando notó que un grupo de trabajadores fumaba justo debajo de un cartel de "No fumar". 

En lugar de confrontar a los hombres directamente sobre esta infracción, se acercó a los hombres, les entregó un cigarro a cada uno y dijo que agradecería que los fumaran afuera. Se percataron que él sabía que habían desobedecido una regla. Debido a que señaló su error de manera sutil, en lugar de reprenderlos, los hombres probablemente sintieron una gran admiración y afecto por Schwab.

Schwab sabía que llamar la atención indirectamente sobre los errores hace que las personas sean mucho más susceptibles de cambiar sus maneras.

¿Quién es Charles Shwab?

Charles schwab fue la primera persona en EEUU en recibir un salario anual de más de un millón de dólares. En 1921 Andrew Carnegie lo había elegido para ser el primer presidente de la recién creada United States Steel Company. Schwab tenía sólo treinta y ocho años.

¿Por qué Charles Schwab cobraba más de un millón de dólares al año?

No era porque fuera un genio o supiera más que otros técnicos acerca de la fabricación del acero. Schwab aseguraba que se le pagaba ese sueldo sobre todo por su capacidad para tratar con la gente. Las siguientes palabras deberían ser memorizadas y aprendidas por todas aquellas personas que ejerzan posiciones de liderazgo en una empresa, sea una startup, pymes o gran empresa:

"Considero que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre los hombres, y que la forma de desarrollar lo mejor que hay en el hombre es por medio del aprecio y el aliento"

Espero que estos principios puedan ayudarte a hacer más amigos, a ampliar tu red de contactos para encontrar nuevas oportunidades de empleo y a mejorar tu relación con tus compañeros de trabajo, la cual tendrá un impacto positivo en tu productividad y bienestar dentro de la empresa. 

Víctor Girón

Víctor es Cofundador de The Open Office, donde desarrolla su pasión por los Recursos Humanos y el Marketing. Antes de empezar este proyecto, viajó por el mundo, vivió en China, fue headhunter, emprendió, hizo un MBA y ayudó a su empresa familiar a crecer.
Conecta: In 2C 14px
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